De vez en cuando entro en el Café Central, uno de los cafés más elegantes de Viena, un café antiguo, con techos de cúpula, grandes ventanales y unas lámparas preciosas que iluminan cuando el sol se esconde.
Es un lugar siempre ajetreado, siempre hay gente, de todo tipo, edad, nacionalidad y eso es para mi lo bonito. Es un lugar de verdadera inspiración.
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